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miércoles, 21 de septiembre de 2011

GPA: Repóker de campeones


Publicado en el nº43 de GPActual

Cinco campeones del mundo en parrilla: el joven Vettel, el inteligente Button, el agresivo Hamilton, el bicampeón Alonso y la leyenda Schumacher. Con semejante alineación, tenemos que remontarnos al año 1970 para ver un número tan amplio de campeones del mundo disputando el campeonato. Los tiempos han cambiado mucho, la seguridad en los circuitos pasó de ser la excepción a convertirse en norma, los coches han pasado por un buen número de cambios profundos, pero el mejor espectáculo del mundo de las cuatro ruedas continua llamando la atención de los aficionados como lo hacía cuando Los Beatles se acababan de disolver o el Apolo 13 había sido lanzado a la Luna.

Al igual que en la actual temporada, en sus primeros compases, la de 1970 destacó por el dominio de un monoplaza innovador, el Lotus 72. Destinado a suceder al legendario 49, el monoplaza de la factoría de Nolfork fue el primero que retrasó la admisión central del morro a los pontones, lo que revolucionó los planteamientos adquiridos hasta ese momento. Como toda idea revolucionaria, el 72 fue complicado de depurar y el equipo continuó usando el antiguo modelo, en su versión C, en algunas carreras de los primeros Grandes Premios de la temporada.

Un año extraño y negro


Un arma legendaria como aquella tenía que se estrenada en un circuito mítico como el Jarama, que acogía por primera vez la Fórmula 1, viviendo uno de los momentos más peculiares de la historia de la competición: ante la imposición de una parrilla de tan sólo 16 coches, los pilotos se niegan a participar si no se deja competir a sus compañeros no clasificados. Pero cuando llegó la hora de la carrera, todos se presentaron en parrilla... ¿todos? No, el doble campeón Graham Hill, en su último años con Lotus, se negó a competir bajo esas condiciones. Con lo cual, los comisarios decidieron llamar al primer suplente generando un escándalo sin igual en el circuito. Ante la situación esperpéntica, Jackie Stewart intercedió ante sus compañeros y la carrera se disputó con Hill entre los participantes.

Como no podía ser de otro modo, Stewart, el defensor del título y el más joven de los cinco campeones, se hizo con la victoria en aquella cita, su primera carrera con Matra. Ese resultado sería un oasis en el desierto, ya que el escocés sólo subiría dos veces más al podio. Mientras, el rey de Mónaco, doble Campeón del Mundo, terminaba cuarto y durante el año no lograba brillar ni siquiera en su circuito talismán, quedándose muy lejos de la lucha por un campeonato que no volvería a ganar.

Precisamente, la cita del Principado es la que define el campeonato. Jack Brabham, a sus 44 años y con tres títulos en su haber, había prologado su carrera tras no encontrar ningún piloto de nivel para ocupar su puesto en su propio equipo. En lo que sería su último año en el Gran Circo, el australiano se encaminaba a cerrar su carrera con una espectacular victoria en el mismo lugar en el que había conseguido su primer triunfo más de una década antes. Sin embargo, no contaba con la velocidad del nuevo Lotus 72.

Y es que, con Jochen Rindt al volante, el 72 se volvió imbatible. En Mónaco, el austriaco presionó hasta la extenuación a Brabham y consiguió que el ‘aussie’ cometiera un error en la última vuelta, logrando la primera victoria de una racha de cinco consecutivas, sólo interrumpida por una rotura de motor en Spa. Aquella fue la última carrera disputada en el circuito original y una de las dos victorias del méxicano Pedro Rodríguez.

En el siguiente Gran Premio en Zandvoort, llegaron los primeros puntos de John Surtees. El campeón del 64, que había creado su propia escudería siguiendo el ejemplo de Brabham, aún estaba usando el McLaren M7C de la pasada temporada antes de sacar a pista su propio monoplaza: el Surtees TS/7, el precursor para una escudería que competiría durante nueve años en Fórmula 1.

Semanas antes, el quinto campeón, Denny Hulme habría sufrido fuertes quemaduras en sus manos preparando la Indy 500. Unido al reciente fallecimiento de su patrón Bruce McLaren y al anterior de Piers Courage, la Fórmula 1 se volvió a teñir de negro y, a pesar de que la situación parecía que no podría ir peor, llegaron los entrenamientos del Gran Premio de Italia en los que se produjo una nueva desgracia: el fallecimiento de Jochen Rindt.

Al entrar en la Parabólica, el eje del freno delantero cedió y el chasis número 2 terminó contra las barreras llevándose la vida del que se convertiría, de manera póstuma, en el sexto campeón de aquella parrilla. Pese a que se disputarían cuatro carreras, ni Jacky Ickx, ni Clay Regazzoni lograrían recortar la distancia que les separaba del austriaco.

Inevitables comparaciones


La seguridad es la gran diferencia entre aquella época y la actual. Gracias al trabajo de Jackie Stewart, Sid Watkins y otros muchos durante estos años, este mayo se cumplirán 16 años sin lamentar una muerte en carrera y los aficionados pueden respirar algo más tranquilos, ya que es mucho más complicado que sus ídolos perezcan en pista, algo lamentablemente común en los primeros años de competición.

Centrándonos en la figura de estos diez hombres que tienen ganado su hueco en el Olimpo de la Fórmula 1, la generación del 70 tenía prácticamente siete años más de media que los actuales y tan sólo un veteranísimo Michael Schumacher supera en edad a Stewart, el más joven de los cinco campeones de hace cuatro décadas. Para reafirmar la teoría, tan sólo hay que aportar un dato: hasta ese momento, sólo Bruce McLaren había ganado una carrera con la edad que actualmente tiene Sebastian Vettel.

Aunque la situación de estabilidad de los pilotos es mucho mayor que entonces y es inimaginable que uno de estos campeones con decenas de contratos publicitarios vaya saltando de equipo en equipo (¡o incluso impulsando el suyo propio!) como los campeones de la época, resulta curioso darse cuenta de que, desde que Fernando Alonso se hiciera con su segundo título en Renault en 2006, nadie ha podido repetir entorchado. De hecho, el español fue el único que tuvo opciones de hacerlo en su primer año en McLaren. Y es que, tanto Raikkonen como Hamilton y, en menor medida, Button, estuvieron lejos de conseguir su segundo título con el 1 en su monoplaza a pesar de estar en equipos destinados a luchar por las victorias como McLaren o Ferrari.

Después de un inicio de campaña fulgurante, la situación parece mucho más propicia para que el campeón en título Sebastian Vettel consiga volver a hacerse con la corona. Tal y como ocurría en aquellos maravillosos años con Colin Chapman, Vettel puede recorrer la parrilla con su monoplaza y ver como todos los rivales recelan y admiran las innovaciones que un genio como Adrian Newey ha introducido en el arma que le podría dar el campeonato del mundo. Después de todo, quizá no hayamos cambiado tanto.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Grandes de la Historia (VI): La hazaña irrepetible


Con cuatro títulos en su haber, Juan Manuel Fangio protagonizó un espectacular final de campeonato en el GP de Alemania de 1957. Batió todos los récords en la última carrera del certamen, superó al equipo Ferrari y consiguió su quinta corona.

Nürburgring fue escenario de carreras memorables, particularmente de 1934 a 1939, cuando Mercedes-Benz y Auto Unión dominaban las carreras de Gran Premio. Debe hacerse la excepción en 1935, cuando el Mantovano Volador, Tazio Nuvolari, venció a los equipos alemanes con un pequeño Alfa Romeo P3.



Juan Manuel Fangio, campeón mundial en 1951 (Alfa Romeo), 1954 y 1955 (Mercedes-Benz) y 1956 (Lancia-Ferrari), tenía por aquel entonces 46 años y el "circo" de la Fórmula 1 se refería a él como El Viejo. Su inolvidable e irrepetible rendimiento en 1957, quedará por siempre en los anales de la historia del automovilismo como ejemplo de tenacidad, arrojo y perfección. Para agosto de 1957, Fangio ya había ganado las competencias de Argentina, Mónaco y Francia -pruebas puntuables para el campeonato del mundo- con su Maserati 250F, mientras que Stirling Moss había logrado una resonante victoria en Aintree, ganando el GP Británico, con Vanwall.

El GP alemán, en Nürburgring fue la quinta carrera del campeonato y algo que resultaba evidente era que los Vanwall, con Stirling Moss, Tony Brooks y Louis-Evans al volante, no repetirían el éxito logrado en Aintree. El equipo nunca había corrido en el Ring y tenía muy pocos datos sobre puesta a punto de sus coches. La batalla se desarrollaría sin dudas entre los Maserati de Fangio, el francés Jean Behra y el estadounidense Harry Schell, contra los Lancia-Ferrari de Mike Hawthorn, Peter Collins y Luigi Musso.

La primera cesión de entrenamientos se llevó a cabo el viernes y los espectadores esperaban ver bajar el récord de vuelta de 1956 (logrado por Fangio con Lancia-Ferrari) de 9m 41.6s, dado que el circuito había sido sensiblemente mejorado en muchos sectores. Como no podía haber sido de otra forma, El Chueco "voló" con su Maserati, parando los cronómetros en 9m 34s. Minutos más tarde, y en un segundo intento de vuelta rápida, bajó su marca a 9m 25.6s; ahora era 16s más rápido que en su récord del 56.

La estrategia para correr de los tres equipos ya había sido decidida. Los Maserati empezarían la carrera con el tanque de gasolina a medio llenar, para reducir peso y así poder acelerar más durante las primeras vueltas de la carrera. Los Lancia-Ferrari correrían sin parar, con tanques llenos desde la salida, al igual que los Vanwalls.



El sábado 4 de agosto, una multitud se hizo presente en el autódromo. En primera fila estaban Fangio, Hawthorn, Behra y Collins: dos Maserati y dos Lancia-Ferrari intercalados. La segunda correspondía a Moss y Brooks con Vanwall y Schell con Maserati. Gregory y Hermann con Maserati; Louis-Evans y Musso con Lancia Ferrari, completaban la tercera fila.

Durante algunos segundos, los monoplazas estuvieron fuera de vista mientras aceleraban hacia la izquierda. Casi inmediatamente volvieron a la escena, Hawthorn estaba primero. Después, una por una los coches se encaminaron en la curva norte -visible fácilmente desde los boxes- y volvieron a girar hacia la izquierda para desaparecer nuevamente.

Pasaron diez minutos hasta que el primer coche apareció y todos los ojos se fijaron en el cartel iluminado en boxes. Era Hawthorn con su Lancia-Ferrari. Cuando el líder apareció en el señalizador le llevaba una ventaja de dos segundos a su amigo y compañero Peter Collins. Después estaba Fangio (un segundo más lento que Collins) y tras ellos en rápida sucesión se sucedian Behra, Musso, Schell y Brooks, con el primer Vanwall.

Segunda vuelta. Hawthorn aumentó su ritmo e hizo una vuelta de 9m 37.9s, un nuevo récord para el circuito. Pero a Fangio le fue mejor, pasó tan rápido a Collins que logró mejorar el tiempo de Hawthorn antes de que los parlantes del autódromo pudieran anunciarlo. El tiempo de Fangio fue de 9m 34.6s. Era el comienzo de su gran carrera.

Ahora, ya sin Collins a la vista, fue tras la caza de Hawthorn, haciendo más interesante el tramo del circuito que iba hacia Adenau. En un rápido sorpasso pasó al inglés, quien no sólo vio pasar a Fangio, sino también a su compañero Collins, quedando relegado al tercer lugar. Cuando el trío ingresó en el Karrussel, El Chueco seguía primero.

Tercera vuelta. Un solo coche apareció rompiendo el silencio. Era Fangio con cinco segundos de luz sobre Collins y empezando a sacar la ventaja que necesitaba para hacer su parada de repostaje. En el giro las diferencias se ampliaron y, para el quinto, Fangio hizo 9m 33s, logrando en la sexta vuelta bajar su tiempo medio segundo más. Para este momento llevaba ya una ventaja de 22 segundos sobre los Lancia-Ferrari. Hawthorn era ahora segundo y Collins tercero.

Para la octava vuelta Fangio superaba a los Lancia-Ferrari por 28 segundos y su tiempo era de 9 m 30.8s. La carrera se ordena: Fangio, detrás de él Hawthorn y Collins; más lejos Behra, Schell y Musso.

Con diez vueltas completadas, un nuevo récord de vuelta; esta vez 9m 29.5s. Fangio seguía llevando una ventaja de 28 segundos sobre sus escoltas.

Al pasar por los boxes los mecánicos de Maserati le hicieron señas para que entrara a repostar. La duda ce centraba en saber cuánto tardaría el equipo en cambiar las ruedas y llenar el tanque de combustible. ¿Pasarían a Fangio los Ferrari? ¿Harían los mecánicos a tiempo y El Chueco volvería a pista primero?

En la vuelta doce -y con diez por delante- el argentino ingresó a boxes con la calma y la tranquilidad que lo caracterizaba. Bajó del Maserati, se quitó el casco y observó detenidamente el trabajo de los mecánicos. Cincuenta y dos segundos después de haber ingresado a boxes Fangio estaba nuevamente en carrera.

Desde su ingreso a los "pits", incluyendo el cambio de neumáticos, la carga de combustible y la posterior salida a pista, ambos Ferrari le habían sacado más de cuarenta y cinco segundos. Con sólo diez vueltas por delante, más de uno hubiera claudicado. Fangio no.

Durante tres giros, y debido al peso de la gasolina y los neumáticos nuevos, el argentino mantuvo la distancia con el duo de lideres. A partir de allí los cronómetros y los presentes serían testigos de una increíble historia de arrojo y destreza.

Para la vuelta 16 Fangio había reducido la ventaja con los coches de Maranello de 45 segundos a 33, y en la siguiente vuelta, otros 16 más.

El box de Ferrari ardía. Los carteles le indicaban al dúo inglés que aumentaran el ritmo de marcha, algo que ambos pilotos sabían era imposible. El argentino pareció escuchar el consejo que era para los hombres de Ferrari e hizo un nuevo récord de vuelta: 9m 28.5s y en la vuelta siguiente lo bajó otros tres segundos: 9m 25 3s.

Para la vuelta 19, y parando los cronómetros en 9m 23.5s, los bólidos de la casa de Don Enzo sólo le llevaban 13.5 segundos y tenían a Fangio como un demonio sobre sus espejos.

En la vigésima vuelta Fangio acortó la distancia a once segundos, acercandose al Ferrari de Collins al paso por los boxes. Llegando a la curva norte, el balcarceño pasó a Collins, quien resistió y lo volvió a superar. Pero Fangio, al salir de la curva, con dos ruedas de su Maserati en el cesped y dio cuenta de Collins definitivamente.

En el sobrepaso una piedra lanzada por el Maserati de Fangio rompió las gafas de Collins y esto, sumado a problemas en el embrague del Ferrari, retrasaron al piloto inglés.

En el camino quedaba sólo Hawthorn. A la salida del Karrusell, el de Maserati adelantó al de Ferrari y el público se puso de pie al saber que ahora era el argentino quien lideraba la carrera en la vuelta 21.

Tras completar 22 circuitos de agotadora prueba, Fangio cruzó la línea de sentencia con tres segundos y algo más de luz sobre Hawthorn. Había logrado una media de 88.820 millas por hora (145,6 km/h). Para la anécdota quedaban: Collins tercero, Musso en otro Lancia-Ferrari cuarto, Stirling Moss con el primer Vanwall, y Behra y Schell con Maserati.



Fangio viajó en 1948 a Europa para probar suerte... fueron cinco campeonatos brillantes. Este fue el último y quizás el que más esfuerzo le costó. Esta victoria fue -probablemente- su mejor carrera y pudo así callar a aquellos críticos que, al comienzo de la temporada, habían dicho que estaba en camino de retirarse. Fue como si se hubiera propuesto tirarles el guante a Hawthorn y Collins para poder demostrarle al mundo que todavía era el Gran Maestro.

sábado, 19 de abril de 2008

Grandes de la Historia (V): La F1 sobre Gilles


"Amo correr:
voy a conducir a máxima velocidad todo el tiempo"

Gilles Villenueve

Hablar de Gilles Villeneuve, es hablar de uno de los mitos de la Formula 1. Y resulta curioso hacerlo en estos términos cuando el personaje en cuestión sólo fue capaz de conseguir seis victorias en cinco años, en sesenta y ocho Grandes Premios. Y aun así, está considerado junto a Stirling Moss y Ronnie Peterson como el mejor piloto de la historia que jamás ganó un Campeonato del Mundo.

¿Qué construyó el mito? A Schumacher le encumbró su gran capacidad de trabajo y su voracidad por ganar, a Fangio su calidad, a Prost su frialdad, a Senna su talento desbordado. Gilles Villeneuve era velocidad, pasión y arrojo, sólo así se puede explicar una vida dedicada por y para la competición. Qué mejor que homenajear al 'diminuto' canadiense que recopilando lo que los grandes de la F1 opinaron sobre él.

Didier Pironi
"Cuando me uní a Ferrari todo el equipo era fiel seguidor de Gilles. Quiero decir que él no era simplemente el primer piloto, era mucho más que eso. Tenía una pequeña familia allí... él me hizo encajar perfectamente allí y me sentí en seguida como en casa y Gilles no hizo ningun desprecio. Yo esperaba ser puesto en mi sitio, no era el nº 1. Era el nº 2. Él me trato como un igual siempre”.

Alain Prost
" Recuerdo pensar que con mis contrincantes la batalla es por la pole position, eso es lo realmente importante, pero con Gilles peleabas por todo, incluso por la décima plaza. En las salidas, siempre la suya era la más rápida de todas. Pensé que debía conocer algún truco... toda la temporada hizo las salidas más rápidas, nadie se le podía comparar”.

Alan Jones
"Lo hice (adelantar a Gilles para colocarse primero), y en cuanto me coloqué en cabeza me labré una cómoda ventaja. Pero a la que me relajaba una fracción de segundo allí estaba otra vez esa horrible caja roja en mis retrovisores. Villeneuve era tan increíble como eso. Eso era típico del viejo Gilles. Nunca se rendía. Tienes que darle crédito porque nunca deja de intentarlo. Era el mejor piloto contra el que jamás he corrido, y disfruté realmente de mis duelos con él más que con ningún otro piloto porque con él sabía siempre donde estaba el límite. Él nunca pilotaba para sacarte de la pista ni nada de todo ese rollo”



Rene Arnoux
"El duelo con Gilles es algo que nunca olvidaré, mi más preciado “souvenir” de las carreras. Sólo puedes correr de esa manera con alguien en quien confíes plenamente, y no conoces mucha gente así. Me ganó, sí, y en Francia, pero no me preocupó en absoluto. Supe que había sido batido por el mejor piloto del mundo. Fue terrible cuando Gilles murió. Aquel día lloré, y al siguiente, a pesar de todo había que correr... y recuerdo la sensación de que todos empezábamos en igualdad, a partir de entonces y en adelante. Villeneuve se había ido. Todos sabíamos que tenía un talento más allá de nuestro alcance”.

Niki Lauda
"Villeneuve era el piloto perfecto. Sabía donde cobrar ventaja y cuando.. y por supuesto, tenía más talento que todos nosotros. No importaba en que coche lo pusieras, era siempre rápido. Sinceramente le tomé un gran afecto. Me gustaba todo de él... era el diablo más loco con el que jamás me he topado en F1".

Juan Manuel Fangio
"Permanecerá como miembro de la familia de los auténticos grandes pilotos de la historia del automovilismo. El Sr. Enzo Ferrari, que es una autoridad en la materia, ha comparado a Villeneuve con Tazio Nuvolari. Nuvolari, en mi época de chaval era el gran ídolo. Todos los pilotos querían parecerse al gran Tazio Nuvolari. Luchaban por batirle, pero tan sólo podían imitarle. Ser comparado con Nuvolari es recibir el mayor de los elogios. Villeneuve no corría para finalizar, no corría por los puntos. Corría para ganar. A pesar de ser pequeño en estatura, era un gigante”.

Jacques Laffite
"Sé que ningún ser humano puede hacer milagros. Nadie tiene facultades mágicas, pero Gilles te lo hacía creer. Así de rápido era”.

Enzo Ferrari
"Villeneuve aún comete errores ingenuos, pero es un hombre que persigue estar arriba por encima de todo. Ha sido justificadamente criticado, pero no debemos olvidar que su entusiasmo y pasión tienen un predecesor: Tazio Nuvolari. En 1935 Nuvolari ganó el Grand Prix de Brno en Checoslovaquia pilotando sobre tres ruedas” (Enzo Ferrari sobre la vuelta a tres ruedas en Zandvoort’79). "Su muerte significó el fin de una época. Él fue él ultimo que tenia una felicidad totalmente desinhibida al conducir un auto de carreras".



Harvey Postlethwaite
"Ese coche, el original Ferrari 126C turbo tenía literalmente un 25% de potencia menos que el Williams o el Brabham. Tenía una cierta ventaja sobre los Cosworth, es cierto, pero aún así tenía una gran falta de aceleración. En términos de habilidad para dominar el coche creo que Gilles estaba en un plano diferente del de los otros pilotos. Ganar esas carreras (Mónaco y Jarama’81) - en circuitos estrechos - está fuera de este mundo. Sé lo malo que era ese coche”.

"Era un tipo extremadamente simple, no se comprometía con alianzas políticas, un tipo sin demasiadas vueltas. Era total y completamente honesto. Si estaba probando un auto, y el auto era una porquería, venia y decía "Mire, el auto es una bosta. No me importa, no me malinterprete, lo conduciré todo el día y disfrutare de cada minuto, pero siento que debo decirle que el auto es una porquería". El "Viejo" (Enzo Ferrari) lo amaba por eso. Mire, Gilles fue el piloto más rápido de la historia del mundo de las carreras. Pero para mi vale más el hecho de que fuera una de las personas mas autenticas que he conocido. Además nunca condujo en ningún lugar ni en ningún momento a un ritmo menor al que él pudiera desarrollar".



Nelson Piquet
"De alguna manera está loco, pero está claro que es un fenómeno. Es capaz de hacer cosas que nadie más es capaz de conseguir".

Frank Williams
"Estaba muy orgulloso de Alan durante 1979. Teníamos el mejor coche del momento, sin ninguna duda, y el único piloto en pista al que temíamos era ese pequeño francocanadiense...“

Chris Amon
"Sólo he conocido un piloto en todo el mundo que tuviera el control del coche que tiene Villeneuve, alguien que siempre supo dónde se encontraba en el coche en cualquier circustancia. Ese chico fue Jimmy Clark".

Keke Rosberg
"Sin ninguna duda Gilles era anormalmente osado. Correr contra él era correr contra el peor de los bastardos, pero era absolutamente limpio. Era un piloto enorme".

Jeff Hutchinson
"Para Gilles Villeneuve el miedo-el factor límite en la mayoría de reacciones humanas-era algo que raramente tenía en cuenta. Si lo hubiera hecho, no hubiera sido el piloto que nos ha dejado esos recuerdos tan valiosos".


Nigel Roebuck
"El enfoque de Villeneuve sobre las carreras es posiblemente demasiado pasional como para darle nunca un campeonato del mundo, pero eso explica porque es adorado en todo el mundo como ningún otro piloto. Tras su muerte, nunca volví a sentir lo mismo al conducir un auto de carreras desde entonces. Casi abandono todo".

Eddie Cheever
"En una situación así (el accidente en Zolder), sé que yo me hubiera paralizado. Pero estoy seguro de que cuando Gilles sintió el Ferrari despegar, lo ultimo que se le cruzo por la cabeza fue un gran accidente, porque sabia que había estropeado esa vuelta perfecta".

Alan Henry
" Detrás del volante de un auto de carreras GIlles era extremadamente rápido, nunca cesaba de intentar, y tenia la habilidad de salir de las situaciones más precarias con gran habilidad y permitiendoce lucir. Su muerte nos priva de un gran campeón, alguien a quien quería mucho. Mi pasado esta marcado por dolor: padres, hermanos e hijo. Mi vida esta llena de recuerdos tristes. Miro hacia atrás y veo las caras de seres queridos, y entre ellos los veo a él. Hoy sólo podemos consolarnos con aquellos recuerdos del hombre que nos dejó de la manera que hubiera querido ser recordado: dándonos todo lo que tenía".

Jody Scheckter
"Gilles se estaba siempre probando, a cada vuelta. No recuerdo haberle oído decir nunca "Esta vez me lo voy a tomar con calma". Mi preocupación era mantenerme vivo, pero Gilles tenía que ser más rápido a cada vuelta. Incluso en los tests, siempre iba siempre al máximo. Tenía una visión romántica de las carreras. Eramos íntimos amigos, haciendo el mismo trabajo para el mismo equipo, pero teníamos diferentes actitudes ante ello"

"El día del accidente, estaba en casa en Mónaco. Un amigo me llamo de Zolder a me dijo "Gilles tuvo un terrible accidente, y parece estar bastante mal" Entonces llame a Joann y me fui directamente a su casa. Desde ese momento fue todo caos y desastre. No quiero ni pensar en ello. Si pudiera volver y vivir su vida de nuevo, creo que volvería a hacer exactamente lo mismo y con la misma pasión".

Joann Lane
"Los chicos tenían 8 y 10 años y parecían estar tomándose todo mejor de lo esperado. La primera noche tras su muerte los dos se fueron arriba a dormir, mas tarde fui para ver como estaban. Dormían. Y allí vi a Melanie y me largue a llorar. Tenia la foto de su padre con ella. La tenia abrazada en sus brazos".

Jacques Villeneuve
"Nunca quise imitarlo, pero creo que mi papá estaría orgulloso de mí". (tras ganar el campeonato del mundo de 1997)





"Espérame. No tardaré"
Gilles Villenueve, a su mujer Joann antes de cada carrera

sábado, 29 de marzo de 2008

Grandes de la Historia (IV): Los inicios de Schumacher en Ferrari


"Estoy seguro de que Ferrari puede llegar a ser campeón del mundo"
Michael Schumacher, 1995



"Los principios básicos parecen correctos", dijo Michael Schumacher cuando su carrera en Ferrari estaba empezando, intentando parecer optimista mientras teñía sus palabras con una dosis calculada de realismo. "Pero necesitamos tiempo para trabajar juntos. Estoy seguro de que Ferrari puede llegar a ser campeón del mundo, pero llevará tiempo. En 1996, nos prepararemos; podremos luchar de verdad en 1997".

Michael acababa de probar un Ferrari por primera vez en una gélida mañana en Fiorano, en noviembre de 1995, y en menos de una vuelta, se había dado perfecta cuenta del abismo que separaba a Ferrari de los equipos de cabeza.

Este era un equipo que justificaba su falta de rendimiento regodeándose en un estado de continua transición. "Esta temporada, Ferrari se prepara para el futuro", casi se convirtió en un mantra, mientras se desvanecía el optimismo que rodeaba la presentación de otro coche más.

Dicho mantra se tornó una súplica y, al final, un lamento. Y justo cuando el país perdía la fe, Schumacher optó por desafiar a los cínicos, resuelto a transformar la suerte de Ferrari.

Era la tarea más colosal de todo el automovilismo, pero definiría a Michael Schumacher como el salvador de Ferrari y produciría la asociación más grande de la historia de la F1. Así empezó a tomar forma...


Michael consigue lo que Michael quiere


Incluso antes de llegar a Maranell, Michael empezó a sacar los músculos, asegurando que continuara el estatus de Nº 1 de facto del que había disfrutado en Benetton. Por tanto, la primera misión de Schumacher fue elegir a un compañero adecuado. En un principio, el equipo era partidario de ascender a titular al probador Nicola Larini. Pero Schumi se opuso, razonando que los mecánicos dispensarían un trato preferente a un italiano.

Al final, Eddie Irvine fue rescatado de Jordan, pagando mucho dinero. Se creía que el norirlandés sería lo bastante fuerte psicológicamente para aguantar una paliza de Schumacher sin plantear una amenaza subceptible de desconcertar al jefe de filas.

El broche de oro: el poder e influencia de Michael ya eran considerables, delantando lo importante que era para el equipo. Incluso grandes de Ferrari como Lauda, Villeneuve o Prost tuvieron compañeros parejos: estaba arraigado en el espíritu de Ferrari que ambos pilotos deberían competir el uno contra otro. Michael cambió todo eso de un golpe. Incluso se puede decir que Ferrari ha demostrado que, hoy en día, la condición de Nº 1 sin oposición es la única manera de ganar titulos, aunque sin duda Ron Dennis y Frank Williams no estarían nada de acuerdo.


Un inicio irregular


Con Irvine ya instalado a su lado, Michael no podía hacer mucho para influir en los progresos del departamento técnico con el nuevo coche, el primer Ferrari con motor V10. Pero, a diferencia del esbelto y funcional 412 T2 de 1995, el chasis F310 de 1996 de John Barnard era un armario que iba tan mal como su aspecto parecía indicar.

A pesar de sus breves destellos de velocidad pura y una cautivante victoria bajo el diluvio en el GP de España, que hizo mucho por aplacar a los pocos tifosi que estaban en contra del fichaje de Schumi, los primeros seis meses de Michael en Ferrari fueron pésimos. La situación más tensa llegó a mediados de verano, cuando tres carreras seguidas casi llevaron al equipo al borde del desastre. La prensa italiana pedía cabezas por los embarazosos abandonos de los dos coches en Canadá, Francia e Inglaterra.

El jefe del equipo Jean Todt llegó a ofrecer públicamente su dimisión, pero Schumi saltó en su defensa, dando un voto de confianza a su patrón. "Jean Todt es uno de los mejores miembros de Ferrari", dijo. "Si queremos acabar con Ferrari, echemos a Todt. Si queremos crecer, que se quede".

Entonces, Michael identificó rápidamente los puntos flacos del equipo, concluyendo que el enfoque poco convencional de Barnard -trabajando en Inglaterra y dictando su visió a la fábrica de Maranello- nunca produciría los resultados a los que se había acostumbrado en la muy unida fábrica de Benetton en Enstone.

Las reservas de Michael aumentaron -hasta tal punto que expresó sus dudas sobre Barnard- y empezó a buscar sus propias soluciones. Con discreción, habló con Ross Brawn -al principio, de manera informal- acercándolo a la causa Ferrari mientras tanteaba a su viejo aliado sobre el puesto de director técnico. El cortejo de Michael funcionó y, cuatro meses más tarde, Ross aterrizó en el aeropuerto de Bolonia.

El broche de oro: Barnard era el último recurso de Ferrari y no funcionó. La visión más amplia de Michael situó los puntos débiles y, asimismo, cómo resolverlos, demostrando a Ferrari que era mucho más que un mero piloto. Con Todt todavía habituándose -recuérdese que aún tenía relativamente poca experiencia en F1 tras su paso por los rallies y la resistencia-, Michael era el lider oficioso del equipo.


La nueva época de Brawn


Brawn irrumpió en Maranello como una tromba. un ingeniero tremendamente competitivo y un pensador estratégico con los niveles más altos, el inglés no tardó en determinar las deficiencias de Ferrari y corregirlas, algo que Barnard jamás podría haber hecho desde su escritorio en Inglaterra.

Además, junto con Schumacher, Brawn contribuyó a convencer al también miembro de Benetton Rory Byrne de que pospusiera su retirada y fuera el nuevo diseñador jefe de Ferrari. Otro fichaje clave.

Mientras Byrne heredaba el F310B de Barnard para 1997, un poco más efectivo, Brawn se puso a trabajar poniendo a punto el departamento técnico de Maranello. Se despojó del antiguo equipo técnico de Ferrari (Barnard adquirió las oficinas de Ferrari en Surrey y se fue a trabajar con Arrows); Nicolas Tombazis sustituyó al aerodinamista Willem Toet, mientras que el prodigio de la electrónica Tad Czapski dejó Benetton para trabajar en los sistemas electrónicos.

Además, las vicisitudes del equipo mejoraron en 1997 con una mayor inyección de dinero de Marlboro, que desertó de McLaren tras 22 años de asociación. El nuevo contrato vio los coche pintados con un tono más brillante de rojo (para indignación de los puristas de la F1) y los orígenes de la nueva y muy exitosa imagen de marca de Ferrari. El contrato con Shell, iniciado en 1996 tras toda una vida con la petrolera italiana Agip, también mejoró el rendimiento mientras Brawn abría más vías de investigación y cooperación con la empresa petrolera.

El broche de oro: la firmeza de caracter de Brawn, aliada con su intimidad y experiencia tanto con Schumacher como con Byrne, creó un sólido triunvirato técnico. Los acuerdos atados por Todt al mismo tiempo no solo demostraron que el equipo se movía ahora en un plano técnico y administrativo más elevado, sino que la base humana de estos acuerdos también era enormemente fuerte, muchos dando fruto hasta el día de hoy.


Michael y los chicos


Incluso con la aportación conjunta de Brawn y Byrne, Ferrari empezó la temporada 1997 con un coche que no estaba a la altura del FW17. Una decepción para un equipo que había dicho que este sería el año en el que esperaban luchar por el título. Tan desalentadora falta de velocidad obligó a Michael a hacer mayores sacrificios personales para volver a encarrilar el equipo y, durante el invierno de 1996-97. se instauró poco a poco una rutina.

Después de una jornada dando vueltas al circuito de Fiorano, Michael y sus ingenieros cruzaban la calle para ir al cuartel general de Ferrari -la Gestione Sportiva- para reuniones cada vez más minuciosas.

Michael descargaba entonces todos los datos que había memorizado, recordando el comportamiento en la entrada en curva, las condiciones a media curva y las velocidades de salida, contestando preguntas y sugiriendo soluciones a los problemas de los ingenieros.

Casi a medianoche, subía a su 456GT y se dirigia a la única pizzeria de Maranello que seguía abierta. El dueño sabía lo que tenía que hacer y Michael recogía con una sonrisa una docena de cajas de pizza, colocaba la tambaleante torre en el asiento del pasajero, le ponía el cinturón, volvía zumbando a la fábrica, llevaba la tardía cena a su agradecido equipo y continuaba la reunión, a menudo hasta las tres o cuatro de la madrugada.

Fue por esta época que Ferrari legó a Michael el uso de la vieja casa de Enzo Ferrari. Desde este edificio, situado justo en el centro del circuito de Fiorano, el Grande Vecchio observaba sus coches. Ahora era como una segunda casa para Michael, mientras su rutina de test se volvía tan ardua que durante 18 meses suspendió temporalmente su régimen de preparación física para dedicar más tiempo a la fábrica que al gimnasio. Este plan de vida hacía que pudiera terminar sus reuniones y acostarse tarde, pero volver a estar en pista a las ocho de la mañana para las primeras vueltas del nuevo día.

El broche de oro: los mecánicos de Ferrari empezaron a tratar a Michael como a un miembro de la familia. Había demostrado su entrega más allá de la llamada del deber, y exigía que sus colegas probaran la suya. Algo que se veía después de cada victoria, cuando abrazaba emotivamente a sus chicos. Y que se volvió a ve en Suzuka en 2006, mientras consolaba a sus tropas tras la derrota.


Ganándose a Bridgestone


En noviembre de 1997, Goodyear sacudió al mundillo de la F1 al anunciar que se iba a retirar del campeonato al final de 1998. McLaren pronto se percató del cambio radical. Suponiendo que la entrega de Goodyear disminuiría antes de acabar el año, cambió a Bridgestone unos meses antes de la primera prueba de la temporada.

Era más dificil para Ferrari, que había forjado una relación muy estrecha con la empresa de Akron, Ohio, y mantuvo la asociación a pesar de la sólida aparición de Bridgestone durante 1997.

Aun así, Michael no tardó en mover al gigante norteamericano a hacer algo, llamándolo 'un poco perezoso' en cuanto evaluó la verdadera amenaza de un coche puntero calzado por Bridgestones. Y aunque Jean Todt pasó gran parte de 1998 tratando de convencer a Goodyear de que se quedara, la marca se mostró insensible a sus intentos, dejando a Ferrari sin otro remedio que cambiar a Bridgestone una temporada más tarde que su gran rival, McLaren.

No obstante, la retirada de Goodyear y el nombramiento de Bridgestone como único proveedor de F1 fue lo que permitió a Ferrari hacerse con una ventaja decisiva. Con los test ganando importancia -pero aún sin apenas control-, el programa de test de 1999 solo permitía a Bridgestone suministrar neumáticos en dos circuitos a la vez. Con la mayoría de equipos probando en Barcelona o Jerez, Ferrari tenía libertad para sacar provecho de un segundo circuito en Fiorano, Monza o Mugello. Además, se decía que Bridgestone suministraba a Ferrari 50 juegos adicionales por temporada para probar exclusivamente en Fiorano, y Todt pudo convencer a los japoneses de los beneficios de trabajar de cerca con sus ingenieros. El resultado fue una relación única chasis/neumáticos que fue la envidia del pit lane, una vez que surgió la rivalidad de Michelin en 2001 y Bridgestone hizo de Ferrari su aliado más íntimo.

El broche de oro: la especial relación llevaría al aplastante dominio de la Scuderia al comienzo del siglo XXI, con cubiertas casi a la medida. Fue el último ingrediente en la mezcla y reportó cinco titulos consecutivos, algo nunca visto.

Schumacher, junto a Todt, Brawn y Byrne, había transformado a Ferrari de roja de vergüenza en la marca más exitosa y prestigiosa de la F1. La asociación no iba a perder un título en otros cinco años... Un triunfo tan demoledor coronó una hazaña técnica, de gestión y de desempeño en carrera que dio una lección de humildad e instruyó a la vez a sus rivales. aunque por lo visto la pasada temporada, parece que no aprendieron la lección.



jueves, 14 de febrero de 2008

Grandes de la Historia (III): Los precursores


El pasado 2007 se celebró el aniversario más trascedental de todo el automovilismo, el centenario del primer gran premio de la historia en los alrededores de Le Mans, en 1906. Como bien saben los aficionados, el Mundial de F1 no comenzó hasta 1950, asi que hay una época de la historia en la que existieron pilotos tan o más grandes que los de la época F1. He aquí el modesto homenaje a los diez mejores pilotos pre-F1: un recuerdo a los precursores.



10 Guy Moll
Moll irrumpió en el mundillo como un ciclón en los primeros años 30. Su audacia no respetaba reputación alguna. Hasta el fin de sus días, Enzo Ferrari le consideró uno de los únicos tres pilotos dignos de comparación con otro pionero, Tazio Nuvolari: los otros eran Stirling Moss y Gilles Villeneuve.

09 Antonio Ascari
Padre de Alberto, campeón del mundo en 1952-53. Una velocidad sensacional le permitía dominar desde la cabeza. Una carrera breve pero rutilante. No tenía que seguir tirando para ampliar su ventaja ya sólida cuando se mató en Francia en 1925.

08 Léon Théry
El metrónomo de las carreras de principios del siglo pasado. Con un coche no más rápido que el de sus rivales, dominó la V Copa Gordon Bennett (disputada en Gran Bretaña (Isla de Man), Francia (L'Argonne) y Alemania (Bad Homburg)) en 1904-05, precursora de los GP. Aplicación e incesantes tests fueron la base.

07 Felice Nazzaro
Ganó todas las carreras importantes de 1907 con FIAT: la Targa Florio, el Kaiserpreis y el GP de la ACF, y seguía ganando en 1922, dominando el GP de Italia en el recién inaugurado Autódromo de Monza. Podía interpretar una carrera como pocos, esperando el desarrollo de los acontecimientos para desatar entonces su incisiva velocidad ganadora.

06 Pietro Bordino
Empezó como mecánico acompañante, aprendió de maestros como Lancia y Nazzaro, y cuando en los años 20 tuvo la oportunidad de ponerse él mismo al volante, los dejó atrás incluso a ellos. Es el ganador en la última aparición de un FIAT de Gran Premio, el Tipo 806, con motor V12.

05 Achille Varzi
Frío, calculador y despiadado en el coche, su estilo era la antítesis de su gran rival Nuvolari, pero su velocidad estaba en una órbita parecida. Se enganchó a la morfina, lo dejó y en 1948 se mató en una carrera. El Gran Premio de Mónaco de 1933 fue la primera carrera cuyos entrenamientos sirven para formar la parrilla de salida, él fue el poleman.

04 Rudolf Caracciola
Incluso con los titanes de los años 20 y 30, Caracciola tenía un tacto exquisito con el que las prestaciones salían solas. Alcanzó su plenitud antes de un gran accidente en Mónaco en 1933. Pero sus mayores éxitos aun estaban por venir: su gran año fue el 1935.

03 Georges Boillot
Piloto de jactanciosa fe en sí mismo, velocidad fenomenal y estilo aventurado. Su mejor carrera fue la última, Francia 1914, cuando fue por delante de los más veloces Mercedes, con la I Guerra Mundial a la vista. Trágicamente, moriría en la contienda bélica unos años más tarde.

02 Bernd Rosemeyer
Debutó en un mostruoso Auto-Union V16 y en su tercera carrera ya luchaba por la victoria en los GP. Su talento sublime y su audaz estilo de atacante lo convierten en el Gilles Villeneuve de los años 30.

01 Tazio Nuvolari
'Il Mantovano Volante' podía hacer milagros y puso en entredicho las leyes de la física. Rara vez dispuso del mejor coche, pero durante la temporada que sí que lo tuvo (1932) aniquiló a sus rivales.


Más..

Biografia de Tazio Nuvolari

jueves, 31 de enero de 2008

Grandes de la Historia (II): El duelo: Ayrton y Alain


En 1998, Alain Prost se reunió con Nigel Roebuck y le contó lo que sentía acerca de Ayrton Senna, la F1 y su relación durante tantos años, para la revista MotorSport.

“Honradamente, es muy difícil para mi hablar de Ayrton, y no es sólo porque ya no esté aquí. Era tan diferente, tan completamente diferente de cualquier otro piloto – y de cualquier otra persona – que haya conocido antes...”

En el momento de la charla, tras más de cuatro años de la muerte de Senna, Alain Prost se halla en una posición envidiable en la que también ambos están unidos para siempre, indiscutiblemente los mejores pilotos de su generación, de forma que de alguna manera cada uno era el referente para juzgar al otro. Así las cosas, si se trata de hablar sobre Senna, Prost no tiene forma de ganar, y lo sabe. Si sólo dice cosas buenas, muchos dirán que su discurso era muy diferente cuando Senna vivía; si es al contrario, le mortificarán por atreverse a criticar a una leyenda que no puede defenderse.

“Esa es la razón por la que siempre he rehusado hablar sobre él” dice Prost. “Cuando murió, yo dije que una parte de mi también había muerto, debido a lo ligadas que habían estado nuestras carreras. Y realmente lo sentía así, aunque sé que hubo gente que pensó que no era sincero. En fin, todo lo que puedo hacer es intentar ser lo más honrado posible”

Desde los inicios de su carrera en la Fórmula 1, Ayrton Senna fijó su punto de mira directamente en Prost. En cierta manera, esto era inevitable, pues Ayrton era un hombre de una intensidad extraordinaria, que necesitaba probarse a sí mismo que era el mejor en todo, y en aquel tiempo Alain era prácticamente el rey del asunto. Su primer encuentro fue el que iba a marcar el tono de su relación posterior a lo largo de los años.

“Lo recuerdo muy bien. En la primavera de 1984 se inauguró el nuevo Hockenheim, y se organizó una carrera de celebridades con pilotos retirados y en activo, en coches Mercedes de calle. Yo llegaba a Frankfurt en vuelo regular desde Ginebra, y el vuelo de Ayrton tenía prevista su llegada media hora más tarde, por lo que Gerd Kremer de Mercedes me pidió si podría acompañarle al circuito. Durante el camino hablamos, y estuvo muy amable. Entonces llegamos al circuito, y empezamos los entrenamientos con los coches. Yo estaba en la pole y Ayrton segundo – ¡después de eso ya no me volvió a hablar más! Parecía divertido entonces – Ya en la carrera, tomé el liderato pero él me sacó de la pista cuando llevábamos sólo media vuelta transcurrida. Fue un buen principio...”

Ese año, 1984, fue el primero de Senna en F1, y su Toleman Hart no estaba a la altura de los coches de cabeza. Sin embargo, en Mónaco, bajo la lluvia, cuando se paró la carrera poco antes de transcurrida la mitad de la misma, el “rookie” estaba en camino de arrebatar el liderato al McLaren de Prost.

”Desde el principio se veía que era bueno, aunque a veces es difícil asegurarlo cuando uno corre en un equipo pequeño. Hizo una gran carrera en Mónaco, pero en aquellos tiempos –cuando los chasis eran mucho menos rígidos que ahora – no era nada raro el que un coche mediocre en seco pasara a ser muy bueno en mojado. Por supuesto, todos nosotros reconocimos su calidad, pero con la reserva que da el que a veces, un piloto joven de calidad se transforma en ordinario al fichar por un equipo importante. La duda siempre existe hasta que el tipo se sube a un coche rápido. Con Ayrton, sin embargo, estaba bastante claro que tenía un talento especial.”

“Otra cosa que la gente debería tener en cuenta, es que hace 15 años había en la F1 muchos más pilotos de alto nivel de los que hay ahora. Por supuesto que Ayrton lo hizo bien desde el principio, pero no mostró nada excepcional antes de Mónaco. Mónaco fue el punto de inflexión: después de aquello todo el mundo lo descubrió y hablaba de él. Sin Mónaco, todo hubiera tardado algo más, pero lo que más me impresionó, como digo, es el hecho de que lo hiciera tan bien en una época en que habían tantos pilotos realmente buenos...”

Además, desde el inicio Senna no tuvo ningún respeto por las reputaciones, y molestó a muchas estrellas consagradas. Después de una sola temporada con Toleman, fichó por Lotus Renault en 1985, ganó brillantemente el GP de Portugal (de nuevo bajo la lluvia), y estuvo con regularidad en los puestos de cabeza. Pero en Hockenheim, por ejemplo, cometió un error en la Ostkurve, y cuando Michele Alboreto se disponía a adelantarle, Ayrton zigzagueó a derecha e izquierda para mantenerle a su espalda. Por aquel entonces, este tipo de tácticas no eran muy apreciadas por el mundillo de la F1.

“Hmmm, sí, Senna era un tipo muy duro en ese sentido, desde sus inicios. En realidad, lo que creo ahora es que no era tanto una cuestión de ser un tipo duro como de tener sus propias reglas. El las tenía, y creía en ellas, eso era todo.”

“Era extremadamente religioso, y siempre solía referirse a estos temas, a decir siempre la verdad, a su educación, a su formación, y todo eso. En aquel tiempo, yo solía pensar que algunas de las cosas que hacía en la pista no encajaban bien con todo aquello, pero ahora más bien me parece que no se daba cuenta que a veces estaba equivocado. Como decía, tenía sus reglas, jugaba según ellas, y no estaba interesado en nada más. Volviendo la vista atrás, realmente pienso que él creía que siempre tenía razón, siempre decía la verdad – y en la pista esto era exactamente de la misma forma.”

No fue, sin embargo, hasta que Senna se convirtió en el compañero de equipo de Prost, en 1988, que surgieron problemas entre ellos. El año anterior, Lotus había utilizado motores Honda, y Ayrton había establecido una relación muy profunda con los ingenieros japoneses. Tan pronto se fue a McLaren, Honda hizo lo mismo. Un empleado del equipo lo explica de este modo: “Yo tendía a pensar en Prost como un piloto de McLaren con un motor Honda, y en Senna como en un piloto de Honda con chasis McLaren”

“Sí, creo que es una buena forma de exponerlo. Mi mayor problema era que yo realmente amaba McLaren, y quería hacer todo lo que pudiera para ayudar al equipo. La elección de mi compañero en 1988 estaba entre Senna y Nelson Piquet. Cuando fui con Ron (Dennis) a Japón, a reunirnos con la gente de Honda, dije a Ron que debía escoger a Ayrton, porque era el piloto con más talento, y para mí el equipo era lo primero. Si ahora mismo fuera a empezar de nuevo mi carrera, actuaría de forma diferente, me concentraría más en mí y en mi trabajo...”

“De hecho, yo podía haber dicho no a la llegada de Ayrton a McLaren. Una de mis virtudes es que normalmente, cuando tomo una decisión, no me arrepiento de ella, pero desde mi propio punto de vista, definitivamente me equivoqué en aquella ocasión!”

En el primer test de pretemporada que hicieron juntos, en Río, Prost vio que Senna no estaba de ninguna manera haciendo aquello por diversión. “Estábamos probando neumáticos, sólo con un coche. Yo hice las primeras vueltas, y luego era su turno. Entré en boxes y los mecánicos empezaron a cambiar las ruedas. Pude ver allí a Ayrton, con el casco puesto, dando vueltas, esperando a que yo saliera, por lo que decidí quedarme dentro del coche un poco más. Se puso furioso, diciéndole a todo el mundo ‘¡No es justo, no es justo!’ Entonces salí del coche, riendo. Él no se reía...”

“En realidad, a pesar de esto, nuestra relación durante la primera temporada fue bastante buena. El único problema ocurrió en Estoril, al final de la primera vuelta”

Fue un momento que nadie que lo presenciara olvidará. En la recta de boxes, Prost empezó a adelantar a Senna por la derecha aprovechando su aspiración, cuando Senna a su vez se cerró hacia su derecha, forzando a Prost hasta ponerlo prácticamente a un palmo del muro. Alain no cedió, y acabó consiguiendo el liderato que iba a mantener hasta el final. Pero después expuso claramente su opinión.

“La maniobra de Estoril fue muy peligrosa y en efecto, después estaba furioso. Prácticamente me fui contra el muro, y realmente creí que nos íbamos a tocar y sufrir un grave accidente, con todo el resto del pelotón detrás nuestro. No me gustó nada, y se lo dije, pero en cierto sentido, no puedo culparle por hacerlo, porque siempre se salía con la suya. ¿Cuántas veces en su carrera le sancionaron por este tipo de cosas? Nunca.”

“Aún así, aparte de esto, el primer año no fue tan malo. En algunas ocasiones fue bastante duro e intransigente conmigo, pero realmente no tuvimos otro tipo de problemas. Y, de hecho, se disculpó por lo ocurrido en Portugal.”

Los dos tuvieron una temporada titubeante en 1988, con Prost marcando más puntos (105, con 7 victorias y 7 segundos puestos) que Senna (94, con 8 victorias y 3 segundos) pero Ayrton consiguiendo el campeonato por 90 puntos a 87, en virtud de la regla de los 11 mejores resultados que se aplicaba entonces.

“Al final de 1988 yo estaba muy contento por el equipo – éramos primero y segundo en el campeonato, y realmente no me molestaba el hecho de que él hubiera ganado el título; yo ya lo había ganado dos veces anteriormente, no era un problema.”

“De cara al 89, sin embargo, estaba preocupado acerca de Honda. Y creo que mi mayor problema fue que nunca tuve con ellos la misma relación que tuvo Ayrton. Desde un inicio, fue algo que nunca sentí que controlaba. No me hubiera preocupado mucho si ellos simplemente hubieran preferido tener un piloto en el equipo, pero la forma en que manejaban la situación fue muy difícil para mí, porque Senna y yo teníamos estilos de conducción muy diferentes.”

“Nunca entendí por qué Honda se puso tan de su lado. No es que fuera un asunto de ventas en el mercado de Brasil contra ventas en el mercado francés, o algo de ese tipo. He vuelto a trabajar con Honda de nuevo el año pasado – ahora como team manager – y me ha sorprendido de nuevo: Creo que simplemente los japoneses trabajan de forma diferente. En un equipo, ellos siempre favorecen a alguien sobre el resto. He oído que lo mismo ocurre en sus equipos de motociclismo.”
“Déjame ponerte un ejemplo. Durante el 88, el último año en que se permitieron los turbos, hubo un momento en que pedí algunos cambios concretos en el motor de forma que se adaptara mejor a mi estilo de conducción, y trabajamos en ello durante dos días en Paul Ricard. Al final de estos tests me sentía feliz, pero en la siguiente carrera, una semana más tarde, ellos no aplicaron aquellos cambios en mi motor”

“entonces llegamos al GP de Francia – en el Paul Ricard – y de repente el motor era exactamente como yo había deseado! ¿entiendes lo que quiero decir? Ayrton y yo corrimos juntos durante dos temporadas con los McLaren-onda, y en los dos GPs de Francia estuve en la pole y gané la carrera. Todo el mundo dijo ‘Oh, mira, Prost está en cabeza delante de su afición’, y ese tipo de cosas. No era nada de eso, simplemente era que en esas carreras tenía algo que me permitía luchar...”

”Entiéndeme, esto no es nada contra Ayrton, ¿vale? Ayrton era muy rápido, y era mucho mejor que yo en entrenamientos – mucho más comprometido, exactamente como creo que yo era cuando era el piloto más joven del equipo, contra Niki (Lauda).”

“De cualquier modo, antes de la temporada de 1989 estuve en una comida en al club de golf en Ginebra con el entonces presidente de Honda, Mr. Kawamoto, y otras cuatro personas. Y admitió que estaba en lo cierto al creer que Honda estaba más por Ayrton que por mí.”

“Dijo: ‘¿Quieres saber porqué apoyamos tanto a Senna? Pues la verdad, no estoy seguro del todo.’ Pero lo que sí me hizo saber es que la nueva generación de ingenieros que trabajaba en los motores estaban a favor de Ayrton, porque él era más el ‘samurai’, y yo era más la ‘computadora’.”-

“Así que esa fue la explicación, y yo me quedé algo más contento, porque al menos sabía bien que algo no era correcto. Parte de mi problema había sido que Ayrton era tan condenadamente rápido, y no era fácil saber qué parte de eso era atribuible a él, y qué parte se debía a la ayuda de Honda. Así que después de la comida con Mr. Kawamoto, pensé: ‘bien, al menos no soy estúpido, realmente estaba pasando algo y ahora conozco la situación.’”

Así y todo, la situación no iba a mejorar. Más bien al contrario, de hecho. En 1989, la relación entre Prost y Senna se rompió por completo, y la existente entre Alain y McLaren no era mucho mejor.

“Hasta entonces, nunca había tenido ningún problema con nadie en McLaren, pero 1989 fue diferente. Mi contrato vencía a final del año, pero el de Ayrton no. Ron sabía que el futuro de su equipo estaba con Honda, y por tanto, con Senna. Intentó seriamente persuadirme para que me quedara, pero en realidad no podía mantenernos a los dos, y en julio le dije que dejaría el equipo a final de temporada. En mi opinión, no fue justo conmigo en el 89. Todavía somos muy buenos amigos, y a pesar de todo, aún pienso en McLaren como en mi equipo. Pero Ron conoce mis sentimientos hacia aquel período.”

“Por aquel entonces, me sentí completamente desilusionado. Después de todo lo que había hecho con el equipo, no creía que debieran tratarme así. Pero al fin y al cabo ya sabes, Ron estaba intentando llevar a su compañía hacia delante, y por supuesto comprendo su actitud.”

Fue en Imola donde se afianzó el duelo más enconado de la historia de la competición automovilística. Senna y Prost, como era habitual, se situaron 1º y 2º en los entrenamientos, a un segundo y medio de distancia del resto. y Ayrton sugirió no poner en peligro las expectativas de ambos por tomar riesgos excesivos en la primera curva, Tosa, durante la vuelta inicial: aquél de los dos que llegara allí primero, mantendría la cabeza. Alain estuvo de acuerdo. En la salida, Senna tomó el liderato, y en la Tosa Prost obedientemente se situó a sus espaldas.

Pero entonces la carrera fue parada a causa del grave accidente de Gerhard Berger. En la nueva salida, fue Prost el que se puso en cabeza, pero en la Tosa Senna se le coló y se puso en cabeza.

“Posteriormente, él argumentaba que eso ya no era la salida – era una segunda salida – por lo que el acuerdo inicial ya no era aplicable. Como decía, él tenía sus propias reglas, y a veces éstas eran muy... bueno, digamos extrañas. había sido una idea inicial de Ayrton, y yo no había puesto ninguna objeción. Pero después de esto, dije que ya se había acabado. Continuaría trabajando con él, en lo referente a aspectos técnicos, pero por lo que hacía a nuestra relación personal, hasta ahí había llegado. Y el ambiente en el equipo, obviamente empeoró mucho.”

“Para cuando llegamos a Monza, yo estaba delante suyo en el campeonato, con unos 10 puntos de ventaja. Pero esa carrera fue realmente el punto más bajo en la relación entre McLaren y yo. Senna tenía 2 coches, con 20 personas a su alrededor, y yo tenía sólo un coche, con tal vez cuatro o cinco mecánicos trabajando para mi. Estaba absolutamente solo en un rincón del garaje, y fue quizás el fin de semana más duro de mi carrera deportiva. Honda estaba realmente firme contra mí entonces, y era difícil luchar por el campeonato en aquella situación. En los entrenamientos oficiales, Ayrton fue casi dos segundos más rápido que yo. Bien, como he dicho, él era ciertamente mejor que yo en entrenamientos, pero ¿dos segundos? Eso era un chiste.”

En carrera, sin embargo, Senna se retiró y Prost ganó. Cuando faltaban las carreras de Suzuka y Adelaida, las dos últimas de la temporada de 1989, Alain dominaba con 16 puntos de ventaja. Para entonces, McLaren-Honda básicamente trabajaba como dos equipos diferentes que casualmente coincidieran en el mismo pit. Una vez más, los dos coches rojos y blancos estaban en primera línea de la parrilla, con ambos pilotos en actitud desafiante – Senna sabiendo que tenía que ganar, Prost dejando claro que no habría concesiones.

“Dije tanto al equipo como a la prensa: ‘De ningún modo voy a abrirle la puerta otra vez.’ Hablábamos muy a menudo sobre la primera curva, la primera vuelta, y Ron siempre decía que lo importante era que no chocáramos el uno contra el otro, que debíamos pensar en el equipo. Pues bien, para mí Senna pensaba únicamente en él mismo, y punto. Por ejemplo, en la salida del GP de Gran Bretaña de aquel año, yendo hacia Copse, si yo no me hubiera movido 3 o 4 metros de mi línea nos hubiéramos tocado, y los dos McLaren hubieran quedado fuera de carrera en el acto. Ese tipo de cosas ocurrían demasiado a menudo, y ya estaba harto.”

“En cuanto al accidente entre nosotros en la chicane, sí, sé que todo el mundo cree que lo hice a propósito. Mi versión es que no abrí la puerta, y eso es todo. No quería acabar la carrera así, había ido en cabeza desde la salida, y quería ganarla.”

“Tenía un buen coche, los entrenamientos me habían ido mal, en comparación con Ayrton, y me concentré enteramente en la carrera. En el warm-up fui casi un segundo más rápido que él, y de cara a la carrera me encontraba muy confiado, incluso cuando empezó a darme caza.”

“Obviamente, no quería tenerlo muy cerca, pero sí lo suficiente como para que sus neumáticos sufrieran mayor desgaste, entonces mi plan era aumentar el ritmo las últimas 10 vueltas. Pero ocurrió que intentó adelantarme, y para mí era imposible hacerlo en la forma que lo hizo, pues estaba yendo mucho más rápido de lo habitual en la zona de frenado.”

“No podía creer que lo estuviera intentando en aquella vuelta, pues cuando nos dirigíamos hacia la chicane, estaba bastante retrasado. Cuando miras los retrovisores, y un tipo está 20 metros detrás de ti, es imposible juzgar, y yo ni siquiera me di cuenta de que me estaba intentando adelantar. Pero a la vez, pensé ‘De ninguna manera le voy a dejar ni siquiera un hueco de un metro. De ningún modo’. Levanté el pie del acelerador, frené, y giré.”



Un año después, los dos estaban de nuevo en Suzuka, una vez más para decidir el título mundial, y esta vez era Alain el que estaba obligado a ganar. Aunque ya no estaban en el mismo equipo, él y Ayrton no habían disminuido la intensidad de su rivalidad. Según Senna, Prost haría bien en no intentar entrar en la primera curva por delante de él: “Si lo intenta, no lo va a conseguir...” En la carrera, a 150 mph, el McLaren embistió la parte trasera del Ferrari.



“Bueno, ¿qué se puede decir? Una vez yo ya estaba retirado, hablamos de ello, y él admitió – como lo hizo con la prensa – que lo había hecho a propósito. Y me explicó sus razones para hacerlo. Estaba furioso con Balestre (presidente de la FIA) por no acordar un cambio en la parrilla de salida, de forma que él pudiera salir desde la izquierda, y me dijo que había decidido que si yo llegaba a la primera curva por delante de él, me sacaría de la pista.”

“Lo que ocurrió en Japón en el 90 es algo que nunca olvidaré, porque no era sólo Ayrton el que estaba involucrado. Parte de la gente de McLaren, muchos comisarios, y muchos medios de comunicación estuvieron de acuerdo con lo que había hecho, y yo no podía aceptarlo. Francamente, casi me retiré después de aquella carrera.”

“sabes, yo siempre digo que él no quería ganarme, sino que quería – metafóricamente – destruirme, ésa fue su motivación desde el primer día. Incluso en aquella carrera con los Mercedes de calle en el 84 me di cuenta que no estaba interesado en ganar a Alan Jones o Keke Rosberg, o a cualquier otro; era a mí, sólo a mi, por alguna razón.”

Hasta el final de la carrera de Prost en la F1, la situación no cambió. Pero en el podium de Adelaida en 1993, la última carrera de Alain, los dos se abrazaron, y fue como si, ahora que Alain ya no iba a ser más un rival, Ayrton no viera más motivo para mantener su hostilidad. El gesto sorprendió a Prost.

“Sí, me sorprendió. Y también me decepcionó un poco, francamente. Esto te mostrará algo acerca de Ayrton. En Japón, la carrera anterior, él ganó y yo fui segundo. Mientras caminábamos del podium a la sala de prensa, le dije: ‘Esta puede ser la última carrera en la que estemos juntos en una conferencia de prensa, y creo que deberíamos mostrar algo agradable a la gente, quizás darnos la mano o algo así.’ No me contestó, pero tampoco dijo que no, así que yo pensé que estaba de acuerdo. Fuimos a la conferencia de prensa y ni siquiera me miró en todo el rato.”

“De hecho, yo incluso había creído que en Australia podríamos intercambiarnos los cascos, los últimos cascos con los que habíamos competido el uno contra el otro, pero tras lo que ocurrió en Japón lo olvidé, pues no parecía interesado en ningún tipo de reconciliación.”

“Entonces llegamos a Adelaida, y acabamos primero y segundo de nuevo. En nuestro camino hacia el podium, él había empezado a charlar un poco, y me dijo: ‘¿A qué te vas a dedicar ahora?’ ¡Me quedé muy sorprendido! Le dije: ‘Aún no lo sé’ ‘Vas a engordar’ dijo, y sonrió. Luego en el podium puso su brazo alrededor de mi hombro, me estrechó la mano, y todo eso. ¿Por qué? Por que ahora había sido idea suya, y se hacía tal como él quería. Bien, de cualquier modo fue bonito, pero ése era Ayrton: si era idea suya, bien; si no, olvídalo.”

Más tarde Senna admitiría a un íntimo amigo suyo que sólo tras la retirada de Prost se había dado cuenta que la mayor parte de su motivación venía de tener que luchar contra ese rival en concreto. Tan sólo un par de días antes de su muerte, durante la filmación de una vuelta rápida a Imola para Elf, sorprendió a todos con un saludo espontáneo: “Quiero dar la bienvenida de nuevo a mi amigo Alain... todos te echamos de menos...” Prost se emocionó con esto.

“De hecho, una vez me retiré hablamos bastante por teléfono. Me llamó varias veces, habitualmente para hablar de temas de seguridad, él quería que yo continuara involucrado en este tipo de asuntos, y habíamos quedado en hablar de ello en Imola. Aquel fin de semana él habló, habló y habló sobre seguridad, y estaba mucho más tratable que antes. Para mí, cambió completamente en 1994. Me pareció que estaba algo más “bajo”, sin la misma energía de siempre”.

”Tuvimos la conversación el viernes, y el domingo por la mañana volví a verle, tras el fatal accidente de Roland Ratzenberger, por supuesto. En aquel momento, yo estaba con un grupo de gente en el motorhome de Renault. Ya sabes cómo era habitualmente Ayrton – hubiera ido del box directamente a su motorhome -, pero aquella mañana me sorprendió, porque vino y atravesó entre la gente, algo que normalmente nunca hubiera hecho, sólo para hablarme. Tuvimos una conversación, y realmente estaba tratando de ser agradable, de ser amigable.”

“Luego lo vi en su box. No quería molestarle, pero sabía que necesitaba ayuda, que necesitaba a alguien. Era evidente. Íbamos a hablar de nuevo a la semana siguiente...”

El funeral de Senna tuvo lugar en Sao Paulo 4 días más tarde, y Prost fue uno de los muchos pilotos que asistieron. No fue una decisión difícil de tomar, excepto en un aspecto.

“Yo tenía claro que quería ir, pero Ayrton y yo habíamos tenido un conflicto durante tanto tiempo que realmente no sabía cómo iba a ser visto por los brasileños: ¿les molestaría que fuera, que no fuera, o qué? El día siguiente al accidente, yo estaba en Paris, y recibí una llamada de un buen amigo de Jean Luc Lagadere (el presidente de Matra). Su mujer era brasileña, y le pedí consejo. ‘Tengo mi billete listo’, le dije, ‘pero qué crees que debería hacer?’ Me dijo que definitivamente debía ir, y que a los brasileños les gustaría. No necesitaba que me lo dijeran dos veces, pues yo ya quería ir, pero eso me convenció. Y ahora sé que si no hubiera ido, me hubiera estado arrepintiendo el resto de mi vida.”

“No hubo hostilidad de ninguna clase hacia mi en Sao Paulo, de hecho fue al contrario. Todavía estoy en contacto permanente con la familia de Ayrton; el día después del funeral, su padre me invitó a su finca, y hablamos durante largo rato. Y veo a su hermana a menudo, y hago lo posible para ayudar a la fundación.”

“Ayrton fue ciertamente el mejor piloto contra el que he competido, con gran diferencia. Era, de lejos, el piloto más comprometido que he visto nunca. Francamente, creo que el piloto más inteligente en pista fue Niki, pero en global Ayrton era el mejor, de lejos. Tuvo éxito en todo lo que le importaba, en todo lo que se propuso conseguir.”

“En realidad. creo que no hubiera sido imposible el que con el tiempo hubiéramos llegado a ser amigos. Compartíamos demasiadas cosas, y algo que nunca cambió – incluso cuando nuestra relación estaba en su peor momento – fue el gran respeto que cada uno sentía por el otro como piloto. No creo que a ninguno de los dos nos importara demasiado el resto. Y además, hubo momentos en los que nos divertimos juntos, ya sabes. No muy frecuentes, pero...”

”Él era un tipo extraño. En 1988, recuerdo Honda nos hizo ir al Motor Show de Ginebra. Está a sólo 40 Km. de mi casa, por lo que le propuse que viniera a comer y luego podíamos ir en coche juntos. Vino a mi casa... ¡y estuvo durmiendo durante dos horas! A duras penas pronunció palabra...”

“Después de la comida, salimos a pasear, y aún recuerdo nuestra conversación con claridad. Me gustaba hablar con él: a veces podía resultar aburrido si estaba insistiendo mucho en algo, pero habitualmente era fascinante. Si, creo que con el tiempo quizás podríamos haber llegado a ser amigos. Una vez ya no éramos rivales, todo cambió.”

“Ahora vuelvo la vista atrás hacia en aquellos días y pienso: ‘Dios, ¿de qué iba todo aquello? ¿Por qué llegamos a ponernos en aquella situación? A veces parecía como una pesadilla. Quizá debido a que estábamos tan a menudo en cabeza, era inevitable que surgieran problemas entre nosotros, pero ¿porqué todo tuvo que llegar a ser tan dañino, porqué tuvimos que vivir de aquella manera? Yo solía decir a la gente: ‘¿Eres fan de Ayrton Senna? De acuerdo, está bien, pero por favor, ¡no me odies!’ Lo mismo ocurría con la prensa.”

“La presión era tan, tan fuerte… Si tuviéramos que volverlo a hacer de nuevo, creo que le diría a Ayrton. ‘¡Escucha, somos los mejores, podemos mantener a raya a todos los demás!’ Con un poco de inteligencia, qué gran sueño hubiéramos sido. Incluso teniendo en cuenta cómo acabó, fue una gran historia, ¿no crees? Y creo, en cierto modo, que hace falta un poco de eso en la actualidad.”


miércoles, 9 de enero de 2008

Grandes de la Historia (I): 'Podía comermelos a todos'


Existen muy pocas entrevistas grabadas con Jim Clark. En los años 60, la cobertura televisiva de la F1 era prácticamente inexistente y los periodistas que asistían a las carreras les interesaba más el panorama general que lo que ahora se venera como 'la cita'. Sin embargo, a final de 1963, Clark se sentó con dos de sus amigos más intimos: Ian Scott Watson (un compatriota escocés, granjero y mentor de Clark) y Graham Gauld, un periodista del motor con quien Clark estaba escribiendo su autobiografía, 'Jim Clark at the wheel'. Gauld puso en marcha su grabadora de carrete.



Graham Gauld: Acabas de hacerte con el título mundial en Monza, pero hubo un momento en esa carrera -después del abandono del Ferrari de John Surtees- en el que pareciste relajarte y perder terreno frente al grupo que iba detrás de tí...

Jim Clark: No me relajé [lo que subraya la falta de velocidad del Lotus]. La aspiración de Surtees tiraba de mí unas 500 revoluciones más de lo que podía obtener por mí mismo. ¡Sabía que sin ayuda ni siquiera podría competir con Graham [Hill]! Me di cuenta de que no disponía de margen suficiente para poder mantener ese liderato sin forzar el coche y a mi mismo durante toda la carrera: era mejor esperar a que me alcanzaran. Cuando lo hicieron, de pronto comprendí que llevaban una pelea más fuerte entre ellos de la que yo había tenido con Surtees. Fue díficil seguir su ritmo... durante un rato. Luego volví a coger el ritmo y todo fue bien.

GG: ¡Después de la carrera hubo acusaciones de que Ferrari montaba un motor de mayor cilindrada [en todas las epocas hay polémicas]!

JC: ¿Quién puede decir que Ferrari no usó un motor de 2 litros en carrera [el límite, por entonces, era de 1,5 litros]? Dicen que nosotros montamos motores sobredimensionados, pero eso es absurdo. Nuestros motores vienen de la fábrica de Coventry Climax. No fabricamos nuestros propios motores. Me parece que nuestra falta de velocidad quedó patente en Monza, donde incluso Innes Ireland [con el BRP-BRM, Ireland que nunca perdonó que Clark le robara el volante en Lotus, le hizo de tapón en Monza. ¡Clark 'fintó' a Ireland dejando pasar a Dan Gurney a la cabeza y siguiendo su estela!] era unos seis u ocho kilómetros por hora más rápido que yo. La gente se pregunta por qué gano carreras [Clark comienza a mostrarse algo irritado]. No sé si alguien me vió en la Curva Norte de Monza [que en sus tiempos se tomaba a 270 km/h] en carrera pero, en esa curva, podía comermelos a todos.

Ian Scott Watson: Pero también ganaste en Reims, el otro gran circuito de rebufos. Tu rendimiento aquel día no debía estar nada mal.

JC: Aquello fue determinación pura. Creo que lo hize bien porque lo planeé antes de la carrera. Curiosamente, en las curvas rápidas el coche respondía mejor que nunca: podía lanzarlo en una gran deriva y sencillamente clavar el pie en el gas. Tomaba curvas a una velocidad que jamás habría creido posible. Lo observé en los entrenamientos, pero para la carrera sabía que Graham dispondría del nuevo monocasco BRM y sería muy rápido. Tenía pensado ir a fondo en la primera vuelta de modo que, cuando hubieramos pasado por las curvas rápidas, pudiera tomarme un descanso. Antes de la carrera, le dije a Colin lo que iba a hacer pero también que, si no lo lograba en cinco vueltas, me lo tomaría con calma y vería que pasaba.

Pasó la primera vuelta y seguí adelante; sin forzar el coche. Me limité a concentrarme en las frenadas y en las curvas, para nada quería forzar el motor. Al final de la carrera, el chivato seguía en 9.600 rpm y se nos permiten 9.800 rpm. O sea que ni siquiera había exprimido el motor en el ataque inicial.

GG: Te acabas de convertir, a los 27 años, en el campeón mundial más joven de la historia. ¿Crees que a partir de ahora la tendencia serán cada vez pilotos más jovenes?

JC: Bueno, ahí está Chris Amon [por entonces, con 20 años], que es muy bueno, aunque, por lo que dicen algunas fuentes, no tiene mucho nervio. Lo que siempre he creido es que, si hubiera podido empezar con 17 años, lo habría hecho entonces. Me parece que he mejorado muchísimo mi experiencia, pero si lo hubiera hecho antes, todo habría seguido el mismo camino.

GG: Parece que te encanta pilotar una amplia variedad de coches: turismos, sports, monoplazas, Indycars, cuatro ruedas motrices, americanos de gran cilindrada, etcétera. ¿Es algo que necesitas hacer para ganarte la vida o realmente es porque quieres hacerlo?

JC: Me encanta la variedad porque me metí en el automovilismo por curiosidad. Quería saber cómo sería pilotar un coche al límite o en una carrera. Esto era cuando iba al colegio o cuando Ian [Scott Watson] corría y yo estaba en boxes. Vaya, me preguntaba cómo sería. Y conservo ese mismo tipo de curiosidad. No paro de pensar: "¿Cómo sería pilotar un coche de esos?" o "¿cómo sería correr ahí?". Y así una y otra vez, asi que, cuando tengo la oportunidad, no dudo. En cierto modo, siempre me lanzo a la piscina.

ISW: ¿Hasta qué extremo lo llevas? Te encanta volar, cómo no, pero ¿Qué vendrá luego? ¿Regatas?

JC: [Ríe] No, no me gusta hacer regatas. Son muy largas y seguro que me mareaba. Pero tantas posibilidades no son lo que quería sacar del automovilismo, sino el resultado de estar ahí. A veces, puede resultar demasiada atención. Por ejemplo, anoche quería ver a John Whitmore [piloto de turismos y íntimo de Clark] en Shetterton. Sabía que estaba en la carpa de Molyslip, en una fiesta privada. Yo no estaba invitado pero no me importó, me traia sin cuidado. Pues bien, le dije al tipo de la puerta que quería ver a John y me soltó: "No, no puede entrar, no puede entrar". Veía a John, asi que le dije: "Mire, está allí: ¿podría avisarle, por favor?". Entonces me vieron unas cuantas personas, que empezaron a decirme: "¡Entra, entra!". Pero respondí: "No gracias. No estoy invitado". Insistieron.. pero la verdad es que ¡si lo hubieran querido me habrían invitado como es debido! Ahora querían que entrara sólo porque estaba ahí. ¡En ese momento estaba seguro de que no entraría en esa carpa!

ISW: Hablemos un poco de tu pasado. Cuéntanos algo del lugar donde naciste.

JC: Berwickshire no es un condado de montaña, como mucha gente podría pensar. Es llano, una parte del país muy cultivable y fértil. Hay 14 o 15 trabajadores en mi granja, así que no soy el hombre solitario en la colina que algunos podrían pensar. El pastoreo me dio una buena formación en la agricultura. Al fin y al cabo, mi padre tenía razón, aprendí más en la granja de lo que habría aprendido en la escuela.

GG: Pero menudo contraste: agricultura y automovilismo.

JC: La verdad es que eso me ayuda a mantener el equilibrio. El automovilismo te deja bastante hecho polvo. Por ejemplo, pierdo bastante pso en algunas carreras, dependiendo del calor que haga y de lo dura que haya sido la carrera. En mayo, disputé cuatro carreras en ocho días: Mónaco, EEUU, Canadá e Inglaterra y perdí más de seis kilos en esos ocho días. Fue magnífico regresar a casa a recargar las pilas.

GG: Pareces estar muy en forma. ¿Entrenas duro?

JC: Aunque parezca estraño, no entreno nada, sólo que no bebo mucho y no fumo. Sólo bebo en compañía. Es que siempre estoy haciendo algo: correr, claro está, viajar y luego cualquier otra cosa qu surja. Por ejemplo, esquí acuático, en Sudáfrica. En la escuela hacía atletismo, era velocista. Cuando estoy en casa, me gusta también jugar al criquet en lugar de ir a ver algun deporte. Prefiero tomar parte en algo en lugar de ver a otros.

GG: ¿Y cómo te sientes ahora que has ganado el título? ¿Una gran satisfación, verdad?

JC: En algunos aspectos, no. Supongo que si uno se hubiera marcado desde un principio llegar a ser piloto de F1, y hubiera hecho de ello la ambición de su vida, la sensación de haber tenido éxito sería mayor. Pero, en cierto modo, siempre luché más contra ello que por ello. No quería pasar más que algún que otro fin de semana fuera de casa y llegó un momento en que mi padre me preguntaba qué sacaba del deporte, porque era una afición muy cara y yo le decía que podía hacer que esa afición fuera rentable. ¡Y así empezó todo! Sólo quería competir.

GG: ¿Qué tiene la F1? ¿Qué es lo más importante, el hombre o la máquina?

JC: Ninguno de los dos. Para mí, es la satisfación de pilotar un coche a lo que considero el límite, el mio y el de la máquina. Esa yo creo que la mayor sensación que me deja la F1.

GG: ¿Y qué hay del factor peligro? ¿Cómo lo concilias con los alicientres del deporte y con el arte del pilotaje?

JC: Simpre está ahí, subconscientemente. Todos somos conscientes de los peligros de las carrieras. No hay héroes. Hay viejos y hay valientes, pero ¡no hay viejos y valientes! Eso es un hecho.

Requiere valor, sí: pero también seguridad en ti mismo y en tu máquina. Si me preguntaas ahora por la velocidad con la que paso un tramo estrecho del Nürburgring, por ejemplo, probablemente haga un cálculo conservador. Es mejor preparar el terreno y hallar el límite poco a poco que superarlo y asustarse. Esos siempre te hará levantar el pie.

GG: ¿Cuál es la clave para pilotar rápido y hacerlo bien?

JC: Creo que lo más importante en el automovilismo es la concentración. A menudo, si quiero ir más rápido, no corro más, simplemente me concentro más. Me concentro en la frenada, en la trayectoria, en el acelerador, en cuánta potencia puedo aplicar. Me concentro en todo.


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